“Lo que hacemos en la vida, resonará en la eternidad.”

En esta vida puedes elegir. Es bien sencillo, puedes escoger entre ser un conformista o vivir en la incomodidad. Si apuestas por la primera opción, te montarás en una montaña rusa. Te abrocharás bien el cinturón, te agarrarás a los anclajes de sujeción y disfrutarás, en la medida de lo posible, de los altibajos del viaje que terminarán tan rápidamente como el aleteo de una mariposa. Muchas veces, a esta opción se opta inconscientemente y sin conocimiento de que existe una alternativa. Una más complicada, más ardua, más incómoda, pero a la vez mucho más enriquecedora.

Elegir la incomodidad significa, en primer lugar, ser consciente de quién eres y si has nacido para simplemente vivir (opción primera) o para labrar tu propio camino. Y no me refiero al camino exterior; estudio, trabajo, me caso, tengo hijos y me jubilo disfrutando de la pensión. Se trata de recorrer un camino, siempre difícil de reconocer y que conlleva, a veces, nadar contracorriente. Hablamos de vivir bajo los dictámenes de nuestro propio ser, nuestra verdadera esencia, no aquella aprendida o recomendada por los cánones sociales. Significa elegir ser tu mismo, y para ello, lamentáblemente en la actual sociedad, significa desarraigarse de lo preestablecido y escuchar el latido natural de tu ser. Para ello es necesario aprender a vivir en la incomodidad, apostar por lo desconocido y acostumbrarse al cambio, siempre y cuando sea beneficioso para nuestro aprendizaje y crecimiento como persona. Una buena manera de comenzar a tomar conciencia y aprender a vivir en la incomodidad es entrenar con el propio cuerpo, llevándolo de manera segura y eficaz a trabajar con la propia fuerza en situaciones en principio, naturales y muy necesarias para nosotros, pero en la actual sedentaria sociedad, olvidadas por su poco uso. Movernos en diferentes planos, llevar acciones básicas de empuje o tracción nos ayudan a mantener nuestro cuerpo en activo, previniéndolo de un acelerado deterioro, así como de unas mayores posibilidades de lesionarse. A medida que crecemos nos olvidamos de nuestras necesidades básicas corporales y nos acomodamos en un bienestar inmóvil. A la vista está cuántas horas permanecemos sentados, echados o jorobados mirando el móvil o la pantalla del ordenador. Elegir un entreno basado en el uso de la fuerza, trabajando casi en exclusividad con tu propio cuerpo, es para nuestros asentados hábitos sociales duro, incómodo y sacrificado, pero a la larga, nos va a aportar una mejora en nuestros márgenes de salud y, paralelamente, nos enseñará a vivir en el esfuerzo, valorando cada momento como nuestro máximo logro. Apredenremos a vivir el momento como único que es.

En resumen, eliges vivir, o recorres tu propio camino labrando en cada momento tu historia personal basada “no en lo que consigues, sino en lo que superas”.

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